El Poder de Elegir la Alegría
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Uno de los grandes privilegios de mi trayectoria como sacerdote es la labor que he realizado con los jóvenes de Mercy Home for Boys & Girls. A lo largo de mis muchos años aquí, he visto cómo las vidas de innumerables niños se transformaban gracias a la bondad y el apoyo que recibieron durante su estancia en nuestro hogar.
En Mercy Home tenemos un lema: brindar a nuestros jóvenes tanto raíces como alas. Este lema está simbolizado por un árbol, ya que queremos que nuestros niños y niñas tengan raíces sólidas, profundamente arraigadas en la tierra, para crear una base firme para el resto de sus vidas. Estas raíces profundas se desarrollan con el tiempo y con gran esmero a medida que ofrecemos a nuestros niños una educación excelente, un entorno seguro, alimentación y vestimenta, formación espiritual y moral, servicios terapéuticos, actividades extracurriculares y, lo más importante, compasión y amor. Todos estos aspectos ayudan a nuestros jóvenes a desarrollar una identidad sólida y la confianza necesaria para visualizar un futuro más prometedor. Para que nuestros jóvenes alcancen el verdadero éxito, sus raíces deben ser profundas; y gracias a ellas, algún día tendrán alas para volar y la capacidad de lograr cualquier meta que se propongan.

En uno de los pasajes evangélicos de este mes, Jesús habla de un sembrador que esparce semillas en los campos. Esta es una imagen que resultaba muy familiar para las personas que vivieron en tiempos de Jesús. Se nos dice que la semilla cae en todo tipo de terreno: suelo rocoso, tierra reseca y tierra rica y fértil. La semilla que prospera es aquella que cae en tierra fértil y echa raíces profundas para crecer y producir trigo en abundancia.
La invitación de este pasaje evangélico es a que todos hagamos cuanto esté a nuestro alcance para echar raíces profundas en la tierra fértil del corazón amoroso de Dios. Cuando estamos en comunión con el Señor y nos nutrimos de la oración, de hacer el bien a los demás, de la vida sacramental de la Iglesia y de una actitud de gratitud, permitimos que las raíces de nuestra fe se profundicen y den fruto. El Evangelio nos dice que, cuando nuestras raíces son profundas, daremos fruto al ciento, al sesenta o al treinta por uno. Debemos comprender que solo sobre un cimiento firme en el amor de Dios somos capaces de continuar la obra divina mediante nuestros dones y talentos.
Raíces y alas es el lema de Mercy Home, pero bien podría ser el lema de todos nosotros que vivimos nuestra fe cristiana. Debemos desarrollar raíces profundas para ser capaces de volar y llevar la buena nueva del Evangelio a los demás a través de nuestras palabras y acciones.
Al celebrar juntos la Eucaristía este mes, ruego que todos nos presentemos ante el Señor con corazones agradecidos y un profundo deseo de alimentarnos de su Palabra. De este modo, podemos realizar la obra de Dios siendo fieles a su voluntad.
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